Hallazgo en Tlatelolco revela historia de mujeres que murieron al parir

 

Por Juan Pablo Ojeda

 

El descubrimiento de cuatro mujeres que fallecieron durante el parto ha permitido reconstruir parte de la historia social y funeraria de la antigua México-Tlatelolco. Dos investigaciones recientes publicadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en la revista Arqueología Mexicana revelan nuevos detalles sobre los rituales, creencias y condiciones de vida de estas mujeres y sus hijos.

A partir de estudios de antropología física, especialistas lograron identificar a una adolescente de entre 15 y 17 años enterrada junto a un bebé de aproximadamente dos meses, así como a tres mujeres jóvenes adultas sepultadas con sus recién nacidos en el Gran Basamento de Tlatelolco.

Uno de los hallazgos más recientes se registró en 2023 durante trabajos arqueológicos en el acceso al estacionamiento del Centro Cultural Universitario Tlatelolco. En ese sitio se encontró una ofrenda funeraria con los restos de una joven mujer y un bebé, fechada entre los años 1506 y 1515, correspondiente al último periodo constructivo del recinto ceremonial tlatelolca.

El depósito funerario incluía figurillas femeninas, platos y malacates, objetos que refuerzan la interpretación de los investigadores sobre un culto relacionado con las cihuateteo, figuras femeninas divinizadas dentro de la cosmovisión mexica. En la tradición prehispánica, las mujeres que morían durante el parto eran consideradas guerreras que habían caído en una batalla, por lo que alcanzaban un estatus sagrado.

Los especialistas consideran que la joven pudo haber sido una cihuapipiltin, término que se traduce como “mujer preciosa”. Los estudios de antropología física identificaron dos anomalías congénitas en su cuerpo: el fenómeno conocido como “diente en diente” y una falta de fusión en la primera vértebra cervical, condiciones que podrían estar relacionadas con prácticas endogámicas dentro de la sociedad tlatelolca.

El análisis del bebé reveló indicios de deficiencias nutricionales, posiblemente escorbuto, asociado a una dieta materna basada principalmente en maíz. De acuerdo con los investigadores, en la cosmovisión mexica el parto era entendido como una lucha comparable a la guerra, por lo que las mujeres que morían al dar a luz eran consideradas dignas de ocupar un lugar en la Casa del Sol, ubicada simbólicamente en la región occidental del cielo.

En investigaciones paralelas, el Proyecto Tlatelolco también documentó el hallazgo de tres mujeres adultas y sus neonatos en el Gran Basamento, un espacio que fue reutilizado como fosa común durante la epidemia de cólera que azotó a la capital en 1833.

Los restos corresponden a mujeres de entre 25 y 39 años y a bebés que se encontraban en etapas avanzadas de gestación. La posición de los cuerpos, con los recién nacidos colocados en el regazo de sus madres, sugiere prácticas funerarias influenciadas por creencias religiosas de la época.

Los investigadores explican que, cuando existía riesgo de muerte durante el parto, las parteras podían bautizar al bebé incluso antes de su nacimiento completo, con el objetivo de garantizar su salvación espiritual en caso de fallecimiento.

Los análisis antropológicos también revelaron señales de pobreza y condiciones de vida difíciles. Marcas en los dientes, desgaste óseo por trabajo físico intenso y deficiencias nutricionales indican que estas mujeres probablemente pertenecían a sectores humildes de la Ciudad de México.

Para los especialistas del INAH, estos hallazgos permiten comprender mejor el papel de las mujeres y los niños dentro de las prácticas religiosas y funerarias a lo largo de la historia de Tlatelolco. También muestran cómo el parto era considerado un momento crucial cargado de significado social y espiritual, donde la muerte podía transformar a una madre en una figura venerada dentro de la cosmovisión mesoamericana.

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