Kenia López Rabadán reivindica legado democrático de Gómez Morín

 

En medio de un año políticamente intenso, donde ya se asoma en el Congreso la discusión sobre una posible reforma electoral, la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, aprovechó el aniversario 129 del natalicio de Manuel Gómez Morín para mandar un mensaje claro: la democracia no se defiende sola y necesita diálogo, instituciones fuertes y respeto al disenso.

Desde el monumento dedicado al fundador del PAN en la Ciudad de México, López Rabadán puso sobre la mesa un tema que pronto será central en el Congreso Mexicano: cómo se deben cambiar —o no— las reglas electorales del país. En palabras más simples, lo que está en juego es la forma en que votamos, cómo se organizan las elecciones y qué tan equilibrado está el poder entre mayorías y minorías.

Para la legisladora, el pensamiento de Gómez Morín cobra vigencia justo cuando México enfrenta decisiones de fondo. Habló de un contexto marcado por la inseguridad en distintas regiones, la renegociación del Tratado de Libre Comercio y la eventual reforma electoral. Es decir, momentos donde las reglas importan más que nunca porque dan certeza económica, política y social.

Cuando menciona “visión de Estado” y “responsabilidad institucional”, se refiere a algo muy concreto: que las decisiones públicas no se tomen pensando solo en la coyuntura o en la popularidad inmediata, sino en cómo afectan la estabilidad del país en el largo plazo. Eso incluye cuidar organismos autónomos, respetar contrapesos y mantener reglas claras para la inversión y el empleo.

López Rabadán recordó que Gómez Morín no solo fue un ideólogo, sino un constructor de instituciones clave para la economía mexicana, como el hoy Banco de México, el Instituto Mexicano del Seguro Social y el antecedente de lo que ahora es Banobras. Traducido al lenguaje cotidiano: ayudó a crear las bases financieras y sociales que permiten que el país funcione, desde la estabilidad de la moneda hasta los servicios de salud y el financiamiento de infraestructura.

Ahí está el fondo del mensaje. Cuando se habla de reforma electoral o de cambios institucionales, no es solo un debate entre partidos; es una discusión sobre cómo se distribuye el poder, cómo se garantiza que todas las voces sean escuchadas y qué tan sólidas son las reglas que sostienen la economía y la gobernabilidad.

La legisladora insistió en que la democracia se fortalece cuando hay pluralidad y cuando el desacuerdo no se convierte en ruptura, sino en debate que mejora decisiones. En términos prácticos, eso significa que ninguna mayoría debería imponer cambios sin deliberación amplia, porque la legitimidad —como dijo— nace del diálogo.

En un país donde las decisiones del Congreso impactan directamente en impuestos, programas sociales, inversión y empleo, la discusión sobre instituciones no es abstracta. Es el terreno donde se define si las reglas serán estables o cambiantes, incluyentes o cerradas.

Al cerrar su mensaje, López Rabadán retomó una frase de Gómez Morín: las ideas y los valores son las únicas armas. En el contexto actual, eso suena a una defensa de la política como espacio de argumentos y no de imposiciones. Y con la reforma electoral en el horizonte, el debate apenas comienza.

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